Roldán levanto las manos y con el silbato (ya no se puede decir “pito”) en la boca señaló el centro del terreno de juego para que el América celebrara una victoria en nuestra casa como no ocurría hace poco menos de ocho años. No es tan difícil de entender, el clásico es ese partido que no podés perder, ese que había (y hay) que ganar siempre sin importar qué, pero, al parecer algo pasó entre el deber y esa extraña “motivación” que nos dejó sin nada. Derrota preocupante, dolorosa, molesta y lo que es peor, que aparentemente no será considerada como tal porque “jugamos mejor”.

Jugamos mejor, sí e incluso hicimos lo que en los anteriores diez partidos no: tener la pelota.

Deportivo_Cali_2019

Por primera vez, si mi memoria no me falla, logramos superar el 50% de posesión del balón y con razón, Lucas Pusineri optó por ir desde el vamos con Carlos Rodríguez y Agustín Palavecino, en el papel se veía mejor de lo que al final fue, no por falta de ganas porque el argentino metió todo lo que pudo, sino por falta de acompañamiento arriba, de profundidad y de, hay que decirlo, peso en la modular. El equipo es joven, liviano y al estar frente a un viejo zorro como lo es Fernando Castro, DT del rival, quedó desnudado eso. Hay que esperarlos, claro, con los minutos se harán mas sabios, inteligentes, fuertes y determinantes. El tema es que tengan la regularidad necesaria.

Hablo de regularidad porque para este partido, el clásico nada mas y nada menos, el profe Pusineri optó por seis cambios. ¡Seis! (siete con el ingreso de Balanta). Al principio pensé que habría estudiado los partidos del América y que había visto algo que su tradicional juego por las bandas al pelotazo no serviría, pero no, en la rueda de prensa el argentino aseguró que los cambios obedecieron a una “rotación” por los juegos por venir por fuera (Nacional y Alianza Petrolera). ¿Rotar en un clásico? Yo no lo hubiera hecho, pero el DT no soy yo y el que sabe es él.

En fin, los clásicos no se juegan, se ganan y nosotros estuvimos, a pesar de tener más la pelota y atacar, lejos de asegurar la victoria, sin menospreciar lo hecho por los rojos, nos superaron con muy poco y, además, con justicia porque a pesar de ir al frente siempre no fuimos claros y mucho menos efectivos.

Muy buen partido jugó Francisco Delorenzi quien, a pesar de anotar en propia puerta y ser apenas su segundo partido como profesional encaró el duelo frente al América con propiedad, con seguridad y con la voluntad suficiente para empujar desde atrás. Mismo hizo Dinenno quien peleó cada balón hasta el final. Los argentinos y tal vez Andrade junto a Balanta entendieron lo que significa ir por un clásico y no solo jugarlo.

Ya el clásico 284 es historia y junto a la derrota en casa quedará registrado que estuvimos poco más de 22.000 en cancha respondiendo al llamado de estar con el equipo y alentarlo, aunque al final el gusto sea amargo y las dudas van aumentando a costillas de la fe. Hay que seguir creyendo, es mi invitación, pero eso, el creer, no debe ser acción sola de quienes vamos al estadio en cada fecha, no, es un trabajo de todos y para ello requiero, lo hablo a titulo personal para no comprometer a nadie, que los procesos de evaluación de los resultados y el tramite de los partidos sean más exigentes en la autocritica.

Se pondera el esfuerzo de los muchachos, lo que corren (aunque algunos solo hacen eso), pero de ahí a estar conformes, tranquilos y mucho menos seguros hay una distancia medida en años luz. Viejo, seamos honestos, hay que preocuparse, hay que dejar de ser tan lúdicos en la evaluación de los partidos y aterrizar un poco a una realidad que reclama menos verso y mas resultados, mas acciones y menos oferta de engaños. Ya estamos muy grandes y curtidos para que nos salgan con el “equipo en construcción” a la mitad del torneo y mucho menos con “tendrá un buen futuro” cuando lo que se quiere es un mejor presente. Además, ese “futuro” suena a “los invito a soñar” y esa pesadilla no la quiero otra vez.

Estamos ante un equipo montado bajo nuestras capacidades, sí, pero estas mismas nos han dado resultados en el pasado. Es una apuesta, sí, pero podemos tratar de buscar una garantía o un menor riesgo en ella si se trabaja con rigor en un equipo base, si se procura mejorar la definición en vez de la, aunque necesaria, motivación.

Dos o tres cambios al equipo del sábado (yo metería a Déiber por Didier y a Mojica por Angulo) y vamos a Medellín a pelear los puntos, no a jugar el partido.

Estamos a tiempo de entender, con la cabeza fría, criterio, autocritica, pasión regulada y fe que había que ganar el clásico y no se hizo, hay que sumar, sí, y desde ya ir preparando el clásico 285 que será en abril, de visita… y ahí, sin importar que, hay que ganar.

Vamos Cali, vamos carajo.

Nos vemos en el estadio, nos leemos por acá.

*Foto: Elpais.com.co