11165276_10153384851577069_760843000628064002_nTras la derrota en Barrancabermeja ante el Alianza Petrolera por un gol a cero se vino, otra vez como cada vez que perdemos, la noche. La hinchada que poco o nada resiste un mal resultado, aunque esta vez los entiendo como nunca no en balde hicimos tan solo un punto de los últimos doce que disputamos, reventó por las redes sociales y el mensaje en común es ese, el Deportivo Cali que tenemos no es el que queremos.

Es tan molesto y frustrante lo que nos sucede que las interpretaciones tácticas o técnicas de lo que se ve en la cancha que hacen los comentaristas y/o periodistas deportivos ya llegó a esos lugares comunes que aburren. Hablar de la plaza y sus dificultades, del peso de “la historia” contra ese rival (que nos tiene de hijos, por si acaso) y tratar de buscar lo bueno llegando al descaro de resaltar el error pequeño como una virtud o que, se jugó mejor porque no hubo lesionados, expulsados y se corrió. Viejo, hay periodistas que parece el criterio se les perdió en un par de reuniones sociales y la opinión objetiva se les extravió en bosque de árboles genealógicos que los rodea. Qué pesar, pero, ese es su asunto. Yo a duras penas soy hincha y asociado, yo de fútbol no tengo la menor idea, pero sí sé que este Deportivo Cali no es el que quiero.

Quiero un Deportivo Cali en donde las explicaciones las den de manera contundente y con acciones. Ya basta de promesas, sueños o declaración de voluntades. Los partidos se ven por televisión, lo bueno no necesita defensa y de tonto no tengo un pelo, ya basta de milongas y mentiras.

Quiero un Deportivo Cali en donde la camiseta de los jugadores quede inútil tras cada partido, porque se adhiere a su alma y se queda en ella, porque así mismo la entregan en el campo. Cada balón, cada acción, cada jugada es la primera de su carrera y la última, no resisto ver un equipo de “profesionales” corriendo o trotando en desorden, sin sangre en la cara, ardor en el pecho o voluntad testicular tan grande como el amor que le tengo al verdiblanco.

Nosotros, o mejor, yo, hablo por mí, me entrego cuando voy a la cancha, lo sufro cuando lo veo por televisión y aunque no todo lo que hacen en el campo de juego me llena JAMÁS les he deseado el mal, tratado como bestias y mucho menos alentado a fracasar. Sus errores son mi dolor, sus aciertos mi alegría, nuestra, todo, somos uno muchachos. Palpitemos juntos, respetémonos mutuamente. Ganemos.

Quiero un Deportivo Cali ganador. No me importa si hay desorden en lo administrativo, si no planean ni una ida a la tienda por el pan, eso lo dejo para quienes viven de las organizaciones (aunque ojo, hay que revisarlo).

A mí me interesa el espíritu, la seriedad, el profesionalismo (el real, no el que da un diploma) de la gente que está en el club. Necesitamos esa entrega, esa transparencia, esa ambición y no por satisfacer a un comité de aplausos, no, el deseo de victoria por aquello que buscamos todos y que pregonan según necesidad otros: Grandeza. Ganando es más fácil construir, para eso necesitamos ambiente ganador, uno de construcción colectiva respetuosa, incluyente, sin misterios y mucho menos engaños. Juntos podemos. ¿No se cansan de no ganar y se quedan ahí, tocando flautas y ya? Ganemos.

Hace poco hablaba con una amiga hincha del Glorioso desde antes de nacer. Ella me decía que ha perdido el deseo por ir a la cancha, que ya ni sabe qué día jugamos o contra quién y que, a veces incluso, se enteraba del resultado tres días después. Eso es muy triste, mas cuando la conocí en el estadio, cuando no nos perdíamos partido alguno y se sabía hasta la talla de los guayos de los canteranos. ¿Esa apatía de dónde salió?

Miren, es claro que el Cali puede perder y seguro lo seguirá haciendo, estamos con un equipo montado bajo un montón de limitaciones financieras, carente de dirección deportiva idónea y lleno de juventud e inexperiencia a todo nivel. Hay muchas lecciones que nos faltan por aprender como también parece les falta humildad a quienes deben aprenderlas con mayor velocidad. Aceptar un error no les quita nada, al contrario, es gallardo y evita salir a echarle la culpa a quien no la tiene como herramienta equivocada.

Uno puede perder, obvio y de múltiples maneras. Lo que me molesta de las derrotas hoy en día, además de nos sumar, bajar en la tabla y verme pequeño donde siempre me he visto gigante, es la forma como encaramos la derrota: salimos a acabar hasta con el nido de la perra.

La decepción se convierte en odio (a veces irracional) y buscamos, que es lo lógico a mi parecer, respuestas y quienes deben darlas (el DT, el Comité, el capitán, los jugadores, la prensa, etc) parecen más preocupados en el “qué dirán”, en no “incendiar”, en mantener un estatus.

Reaccionemos, tapar las fallas no las corrige, invitar a mirar a otro lado no hará que lo que pasa cambie. Enfrentemos las cosas como son y como vienen, con la verdad y salgamos, como hinchada, como asociación deportiva ejemplar a apoyar a los nuestros, a respaldar su trabajo y a exigir porque sea mucho mejor de lo que se ve en cancha.

No podemos cambiar a un DT cada año, ni podemos dar por cerrado ciclos de jugadores recién llegados y menos antes del debut en un torneo internacional, pero hay casos juzgados ya de jugadores que decidieron, no sé si por el momento o por voluntad, no entregarle al Deportivo Cali todo su fútbol, basta con ellos. Quiero un Cali efectivo, contundente, vistoso en la medida de lo posible y que sume más que kilómetros corridos o expulsiones, goles, puntos y por supuesto títulos.

Acá estoy, buscando hacer el Deportivo Cali que quiero desde el que tengo y lo hago con gusto, por amor, por respeto a un legado institucional que admiro y porque, es mi primer amor.

Ya basta de destrucción y es una invitación para toda la familia verdiblanca, por el Deportivo Cali que queremos, ¿aceptás?

Nos vemos en el estadio, nos leemos por acá.