Deportivo Cali derrotó por Liga a el Deportivo Independiente Medellín en el minuto 93 y en el minuto 93 logré culminar la remontada ante el Junior por Copa anotando el 2 a 1. Primero Rodriguez y luego el “pelao” Arroyo, ambos salvando patria, ambos sacando del pecho el calor y del bajo vientre la fuerza para lograr la victoria y ponernos a celebrar, pero, en el Cali, más que un héroe necesitamos es un líder, uno de verdad.

Los partidos, como lo hemos visto en la cancha y por televisión, tienden a ser irregulares, de emociones entre la angustia, frustración e ira para pasar a la alegría, el jubilo y la felicidad. Sin tranquilidad, claro, porque no se siente que exista en cancha un referente verdadero que sea capaz de llevar a sus compañeros a lograr equilibrio, a darles tranquilidad cuando se necesita o motivación extra según el caso.

Nuestro nuevo capitán, Matías Cabrera, no tiene, para mi, ese perfil y menos viniendo de tierra de capitanes memorables como el ‘negro’ Varela, Montero o Lugano. No, dista mucho de la figura de un capitán, de ese que infunde respeto, ese que no se deja cobrar mil faltas o permite que amedranten a sus jugadores ni siquiera con un gesto.

No es el capitán que puede salir a poner el pecho ante un mal resultado o invitar a celebrar con mesura una victoria aplastante. Yo no lo veo así, respetando opiniones y gustos.

Y no es un tema nuevo, ni más faltaba pues Camilo Vargas, a quien reemplazó Cabrera en el uso de la cintilla si bien tenía mejor idea del manejo del árbitro, no lograba tampoco ordenar a los suyos o motivarlos más allá de hacerlo con el ejemplo.

Ni hablar del anterior, el ahora jugador de Santa Fe. Pérez fue un buen capitán, hasta el 2015. De ahí en adelante, pues… mejor dejemos ahí.

Liderazgo, eso nos falta. Recuerdo que de Delorenzi, cuando lo presentaron, dijeron que algo que les había atraído del jugador y que había pesado en su incorporación era que habían notado en él liderazgo, imagínate, traer a un pelao amateur para sembrar características de líder en un plantel. Viejo, estábamos mal o muy mal.

Los llamados “veteranos” no se encuentran a gusto liderazgo. Hay líderes que se pueden hacer, claro, con formación y convicción, otros simplemente fueron hechos para liderar, sea por autoridad, carisma o ejemplo. El mejor de los casos es preferible tener un líder integral, que motive con su ejemplo, guíe con su carisma y exija con su autoridad, siempre en el marco del respeto y por supuesto, la disciplina.

Tenemos un plantel joven, impetuoso y si se quiere, explosivo. De ahí que pasemos del frío al calor en segundos o viceversa, como cualquiera que está creciendo en su inteligencia emocional. Urge, desde mi punto de vista, encontrar ese equilibrio y buscar, entre la plantilla actual, así como fuera de ella un líder que sea capaz de resaltar las virtudes y llenar los vacíos del conjunto. Se requiere humildad para aceptar ese rol y llevarlo a cabo a satisfacción.

El profe Pusineri puede guiarlos, motivarlos y empujarlos, claro que sí y seguramente amparado en el amor propio, vergüenza deportiva, pertenencia y respeto por la labor de sus dirigidos hacer goles al minuto 93 y sacar puntos de donde muchos otros los daban por perdidos, pero el equilibrio se requiere y el temple aun más, sobre todo en un torneo como el nuestro en donde el campeón no es el mejor del semestre, sino el mejor del último mes, el que menos cansado llega y el que mentalmente llega más tranquilo, ahí se requiere el líder, el centro de todo.

No me cabe la menor duda de que los resultados positivos se seguirán dando, los partidos son bonitos y feos a la vez, por pedazos el Cali juega muy bien, por instantes el Cali olvida lo que es el fútbol y decide aguantar, repetirse y aburrir. Normal, pero puede mejorar, claro que sí.

Espero, de corazón, logre Cabrera o quien quiera que el profe escoja y sus compañeros respalden, irradiar ese liderazgo, ese sentimiento de humildad y obediencia que invite al hincha a abrazar a los muchachos en el error antes de putearlos y, además, que motive al entorno directivo, así como al staff a mirar al hincha como algo mas que un número en el estado de perdidas y ganancias.

Un buen líder se conecta con su entorno, tiene cerca al enemigo y dispuesto a los aliados, para como el Deportivo Cali, ir juntos por todo, con toda.

Cualquiera, y ojalá no se necesiten tantos, se pueden vestir de héroe, pero muy pocos son capaces, desde el liderazgo, de convertir en héroes a todos.

Nos vemos en el estadio, nos leemos por acá.

 

*Foto: TeQuieroCali.com