En algunos países del continente a las tapas de la gaseosa les dicen “chapas”, en otros la gente no tiene apodos, sino que son chapeados y así hay varias opciones para en la riqueza de nuestro español, darle un sentido a esa palabra, como también, dentro de la obligación de una institución de peso y prestigio, es un deber revisar cada comunicación que salga emitida sea la que sea, comunicado, pieza gráfica, publicitaria y, por supuesto, una placa homenaje.

Ronaldinho_CaliDeportivo Cali participó en uno de los partidos de despedida de Ronaldinho en Colombia. América y el Glorioso se enfrentaron en el Pascual en un partido lleno de magia y fútbol que cerró con un empate a tres. Vimos jugadas de los magos del Cali, el profe Arboleda, Mayer, Guigo, don Victor Bonilla y por supuesto, Ronaldinho. Buen fútbol para alimentar la nostalgia y refrescar la memoria de aquellos 90s que nunca se irán.

Tras el encuentro el Cali, merecidamente y cumpliendo como se debe con los protocolos y demás, decidió darle una placa conmemorativa al balón de oro 2005 por su visita a Cali y por haberse puesto, así sea un rato, nuestra verdiblanca del alma. Hasta ahí, todo en el marco de lo debido.

El crack brasileño salió presuroso del estadio, se fue, pero el gesto del club no quedo en el frio metal (que Dinho recibió con agrado, incluso lo besó) sino que presa de ese agradecimiento y con muestra de gran agrado decidió subir una fotografía de la placa en su cuenta de Instagram para que sus mas de 49 millones de seguidores la vieran y compartieran con él ese momento. Viejo, un orgullo que esta leyenda del fútbol expusiera nuestro escudo e institución a nivel mundial.

Hasta ahí, todo dentro de lo que se debe. Un club que responde a un histórico con un gesto que recuerde el momento, un crack que agradecido publica lo recibido por los canales que los tiempos modernos le permiten.

Pero, caramba (como diría Marino Millán), caramba, no se puede, no se podía, permitirse los errores de ortografía que la placa contiene que no es uno, sino cuatro.

Del Instagram de Ronaldinho al Twitter de los hinchas de los rivales del club, de ahí a los trolls (perfiles en redes sociales especializados en molestar) y de ahí a los hinchas del Cali que, aunque no me compete juzgar, decidieron hacerle eco bien sea porque no comulgan con el actual comité ejecutivo o simplemente porque así manifiestan su amor.

Trato de encontrar una palabra que pueda resumir lo que sucedió y no la encuentro, al menos no una que sea sutil, es, a las claras, un error monumental, de esos que se escriben con “C” y que suceden cuando tenemos “el agua lejos”.

Es impresentable, desde todo punto de vista, que un elemento como una placa de homenaje pase de mano en mano, desde quien redacta el texto hasta quien la entrega y que nadie, ninguno, ni en el Cali ni el proveedor se percataran de lo sucedido, de los errores ahí contenidos y, lo que es peor,  lo que puede afectar a la reputación del club y la marca algo así.

Evidentemente pudimos, como hinchas, mirar para otro lado y no replicar la foto o señalar el error, muchos hinchas así lo hicimos, pero el silencio en este caso no otorga, ni mucho menos, es un silencio de pena, de la vergüenza que me da ver eso así y como si nada. Salir en la prensa nacional, en uno que otro medio internacional y ser noticia no por ser la cantera más productiva del país, tener estadio propio o labores de inclusión social ejemplares, sino por lo “penoso” e “insólito” error.

Todos cometemos errores, por supuesto, ese fue uno muy grande. Hay que cuidar cada uno de los elementos de la institución y más si nos jactamos (con derecho) de ser una ejemplar para el país y el continente. No existe la posibilidad de verlo como algo menor, no con una figura mundial como Ronaldinho, no cuando el implicado es el Deportivo Cali y no un equipo fundado hace seis meses en una panadería.

Es un error, se asume, se corrige y seguimos. Difiero diametralmente con quienes quieren minimizarlo, taparlo y lo que es peor, achacárselo a la hinchada porque “somos unos jodidos que nada nos gusta”. No, esta vez no, esta vez es un error originado en el club, hecho por alguien del club y que afecta a la familia verdiblanca en su totalidad.

Iba a guardar silencio al respecto, lo traté internamente con la preocupación y seriedad que se requiere, pero el ver que empezaron los señalamientos a la hinchada y la defensa de lo indefendible preferí escribir esto que estás leyendo.

La indolencia a la que han llegado los defensores a ultranza del Comité es insoportable. Sin autocritica es imposible corregir y ya estuvo bueno, hace rato, de buscar una excusa para cada situación y pretender culpar de las fallas a quienes no intervienen en nada en la gestación del error.

Seguro el o los responsables tendrán que lidiar con la culpa y espero, con lo pertinente dentro de lo que corresponde al manejo interno del equipo, asuman su error con responsabilidad, madurez y altura. Seguro se tomaran los correctivos y seguro no volverá a pasar, es claro, y pues a lo hecho pecho y vamos para adelante, claro, no es para salir a destruir todo y pues, con el tiempo y otras noticias el espacio mediático del club se llenará de nuevo de lo que importa: fútbol.

Vuelta de página, el jueves vamos por el Once Caldas a asegurarnos en la Liga y el martes recibimos, con las populares agotadas, al Medellín por la ida del la final de la Copa Águila. De ahí, del fútbol es que deben venir nuestras placas, porque esa es una que sí quiero ver, leer y releer. La placa que acompaña el trofeo, la copa, esa plaquita chiquita, casi una chapa, esa que dirá: Deportivo Cali CAMPEÓN 2019.

Nos vemos en el estadio, nos leemos por acá.

*Foto: Colprensa – Caracol Radio.