Fácil no ha sido, lo confieso. Para nada es fácil alejarse de lo que amas, extrañar verle, sentirle, olerle. El fútbol en los tiempos del COVID19 es como el sueño cumplido de mamá cuando te regañaba por no hacer nada más que pegarle a un balón, pero no, incluso ella, ahora preocupada y llena de legitima tristeza añora escucharme gritar los goles, emocionarme, enojarme y todo lo que el fútbol nos daba, a mí, a ella, a mi viejo, a todos en casa.

No es fácil levantarse a escuchar programas deportivos en la radio y que sigan buscando cómo, estoicamente, generar contenido desde los recuerdos, los momentos de los jugadores en casa, recetas de cocina, tips de salud y, por supuesto, aquellos que viven del amarillismo, cifras de la pandemia, críticas al gobierno y recomendaciones apocalípticas.

Algunos lo logran y con éxito, otros, bueno, no. Moral, moral.

No es fácil, para nada cruzarse con los rivales de patio y tan solo levantarse las cejas (virtualmente, por supuesto) sin poderlos cargar por nada. ¿Cómo estarán los que cuentan hinchas con todos los estadios vacíos? Se deben estar, ojalá, espero no literalmente, muriendo.

No es fácil continuar la vida sin saber si un jugador u otro será titular. Sin poder, sabiendo o sin saber, criticar a un DT o descargar la ira de una mala semana en un profesional que lo último que deseó fue equivocarse.

Para nada es fácil seguir un domingo más sin verle la cara a los niños que van por primera vez al estadio, sentirles la angustia a los veteranos de mil temporadas sufriendo por los cortes de pelo, los guayos de colores y “ese perfume que les huele hasta acá”.

Extraño a mi familia de los domingos, a mi familia verdiblanca. Las miradas de yo a vos te conozco, claro, cada partido en casa nos vemos, pero solo sabemos, en su mayoría, que nos llamamos Deportivo y que nos apellidamos Cali, como yo y los 12.000 habituales. Hace falta cantar los tres himnos todos cortados y montados, como un mal mix de miniteca vieja. Extraño los viajes al estadio, a nuestra casa.

Hace falta el grito de ¡Vamos Cali! apenas el central hace sonar el silbato y hace falta, más que todo, cantar un gol y abrazarse con todos, sin importar nada más que el poder celebrar, levantar los brazos, puño cerrado y terminar ese largo grito con un madrazo. Hijueputa, sí que hace falta.

¿Cómo estarán los viejos que venden las bebidas al lado del puesto del Qbano en Occidental? ¿En que andará Martín el negro sonriente del maní?

Los que cobran los $500 por la entrada al baño, los y las que guardan los cascos y las correas, las peladas y pelados de logística, ¿cómo andarán?  Son tantas cosas, hace falta verles, hace falta saberles bien.

No es fácil saber que los muchachos entrenan en casa procurando mantener la forma. Lo que deben extrañarse, lo que deben estar necesitando armar una pared, desdibujar a un rival, gambetear, rematar al arco, celebrar un gol, mirarnos en la grada, retándonos a no abandonarlos, a seguir con ellos en esta y cualquier batalla.

No es fácil levantarse en las mañanas y solo tener partidos repetidos, no es lo mismo mirar un álbum de fotos que ser el protagonista, no es lo mismo un recuerdo que el ahora, el ya, este momento. Disfrute ver de nuevo el titulo del 96 por YouTube o la repetición del “Camino a la gloria” del campeonato de los canteranos y Pecoso del 2015, pero, lo confieso, quiero más.

Suenan de fondo los bombos, se escuchan los gritos, el ¡Cali, Cali! seguido de los cinco o seis aplausos. Suena de fondo el silencio de la espera, hoy amargo, hoy obligado y con razón suficiente. Quiero seguir aplaudiendo con mi viejo, con mi hermano, con todos y cada uno de ustedes. Hay que esperar, quedarse en casa, extrañar y nunca dejar de rodear a quienes nos dan emociones, sí, alegrías y tristezas, pero lo hacen por nosotros, para nosotros.

Pronto volveremos, seguro, nos abrazaremos… o tal vez no, pero ahí estaremos, como hasta ahora juntos, rodeando a los muchachos, deseándoles lo mejor a ellos, sus familias y a todos en la familia del fútbol, porque la vida sin la pelota, hermano, no es fácil.

Nos vemos, Dios mediante y ojalá todos y todas, en el estadio, nos leemos por acá.

Cuídense, quédense en casa.

*Foto: Twitter oficial Deportivo Cali.