“Naghh, otra vez una vergüenza, no aguanta más”; “Se tienen que ir todos, no tenemos nada”; “Qué cuento eso de la cantera, no sirven para nada puro pelao venido a más”; “A los directivos solo les interesa sus bolsillos y el hincha jodido”; “Esos asociados son unos inútiles, son un cáncer para el club, solo les interesa su turco y ya”; “No sé por qué la barra no los aprieta, deberían hacerles algo”; “Es un infiltrado, no tenemos capitán”; “Mejor acabar ya con todo”.

Si has estado pendientes de las redes sociales de los hinchas (y algunos que se dicen serlo, pero me quedan dudas) del Deportivo Cali podrías haberte encontrado con varios de los mensajes que cité en el párrafo anterior, o, tal vez con algunos de estos:

“Antes el profe hizo mucho”; “Hay que darle tiempo al proyecto”; “No se puede contra los arbitrajes, nos robaron todo el tiempo”; “Los jugadores estaban reventados”; “Es que sin meterla en muy difícil”; “Hay que asegurar el cupo el 30 y reforzarnos, pero DT hay”; “Lo hecho por el comité es muy bueno, pero los resultados no se les dan”; “Hay que creer”.

Son posiciones muy diferentes con un eje en común: la pasión y amor declarado, a veces hasta incondicional, por el Deportivo Cali, nuestro Glorioso equipo azucarero, nuestra ejemplar institución.

¿Quién o quiénes tienen la razón? Cualquiera, todos o ninguno, al final tener la razón en este caso será poco lo que pueda aportar, a algunos solo les basta con eso, que les digan lo correcto que estaban al pronosticar una debacle mientras, como cualquier hincha, se ilusionaban con llegar más allá donde finalmente llegamos.

¿Hay mala energía? Yo no sé, no hago brujería, ni cartas astrales, ni leo las cartas o algo parecido, pero tener tantas opciones de gol con tantos tiros en los palos, no sé, es como si la suerte estuviera con cupo completo y no propiamente a Palmaseca. Pero, aunque suma, los resultados al final no son solo suerte. Sacudámonos de eso también, porque puedo ser el tipo más afortunado del planeta, pero si me rindo antes de pelear, si no trabajo en lo que debo mejorar, si no me concentro en mis objetivos, la suerte solo me servirá para pasar un par de fotomultas sin que me descubran y ya.

Tras la penosa eliminación de la Copa Sudamericana ante Vélez por 7-1 en el global, nuestro DT, Alfredo Arias, declaró: “Cometimos muchos errores, tomamos malas decisiones, nos desesperamos ante un equipo que jugaba muy bien. Todo es responsabilidad mía, hasta ahora no había vivido algo así”.

Nosotros tal vez no en esa magnitud, sí habíamos estado en posiciones similares, es decir, convencidos de lo que teníamos merecía algo más que una eliminación o el resultado final. Hizo falta lo que a otros les sobra: temperamento, capacidad resiliente, liderazgo y humildad.

El inocular positivismo me parece una buena práctica, pero con tanto jugador en proceso de formación el llenarse de optimismo suele jugar en contra, pues ante la primera adversidad el discurso de “es nuestro” se torna en contra, se transforma en presión y esa misma en apatía. Nos rendimos.

Es imposible que de tres torneos nos saquen El Quindío, La Equidad y Vélez, este último goleándonos en casa. Imposible no por la soberbia propia del inútil ego verdiblanco, sino porque lo hicieron haciendo lo que nosotros no: convencidos de la victoria, montados en el objetivo, por el objetivo sin excusas ni distracciones. Lo hicieron simple y práctico, sin milonga, sin adornos, sin decorar la realidad. ¿Sirvieron las 22 fechas de invicto? Nos descuadernamos y duro, la manija se aflojó, el barco se iba hundiendo y el capitán fue de los primeros en saltar. Así no se puede.

“Hasta hace una semana y media éramos sabios, lindos y buenos, y después de estos resultados seguramente seremos unos burros, seremos feos y malos y es lo que nos toca llevar y aceptarlo”, apuntó Alfredo Arias esa noche de la eliminación ante Vélez, esa noche en que el año se fue al olvido.

Seamos burros, seamos feos y malos, no hay problema, pero encontremos una salida a los temas fundamentales del club.

Cada seis meses, cada año es lo mismo: los jugadores discutidos por su desempeño, los directivos señalados por su inoperancia y los DT hablando con sus agentes para salir o por si acaso deben salir. Curioso, eso sí, que los que no tienen nunca un mal año son los que traen y llevan jugadores, ellos (el mal necesario) pasan invictos como si nada mientras el club encuentra una formula para contratar lo justo y necesario, adaptado a un apretado bolsillo y que complemente a una cantera que este año al menos no destacó en su producto como en otros.

Seamos burros, seamos feos y malos, no hay lío, pero unifiquemos el discurso en uno solo, paremos con halar cada uno para su lado. Basta ya de la defensa o ataque a un nombre o un apellido, busquemos el bien general, prioricemos al club por sobre los amigos o familiares, démosle al Deportivo Cali el lugar que se merece en la mesa, ya no más esperar los sobrados. Ya perdimos estrepitosamente dos años, este tercero tiene varios elementos rescatables (obvio en lo deportivo no) ¿Cuántos más vamos a permitir alimentando intereses particulares que los institucionales?

Les pedimos a los jugadores que no se rindan, que se repongan, que pongan huevo así no tengan piernas, pero ¿y nosotros? Hablamos un montón en los chats, en las redes y en reuniones para ir a callar a las asambleas. En fin, la hipocresía.

Seamos burros, seamos feos y malos, pero hagámoslo unidos. Ya es hora que tengamos un solo objetivo amparado en lo deportivo buscando recomponer al Deportivo Cali, salvaguardando su institucionalidad y su sagrada historia.

¿Quién pierde cuando el Deportivo Cali pierde? Pierden los asociados, el comité, los hinchas, los jugadores, los empleados del club… perdemos todos, el tema es que en medio de la polarización que se vive dentro de la institución hay unos que creen que no pierden, curioso y lamentable.

El 2021 está cerca y es un año de elecciones. Ya sabemos históricamente qué pasa en años así. Ojalá tengamos dentro del plantel la suficiencia profesional y el liderazgo para ejecutar sus compromisos deportivos sin pensar en el aire de los balones o en temas que manejan los representantes.

Ojalá pudiéramos tener un año de elecciones sin elecciones, es decir, que estuviéramos todos de acuerdo en que urgen cambios en lo deportivo, la cantera, los temas estatutarios y de administración de las sedes, así como en lo financiero e institucional en general. Ojalá pudiéramos sentir que hay interés en eso y que se trabajará por ello, por el Cali, sin promesas, sin mentiras ni falsos mesías.  Ojalá pudiéramos votar por eso y no por un nombre. Ojalá.

Nos veremos en el estadio, algún día seguro, por ahora nos leemos por acá.

Foto: Archivo personal.