El Deportivo Cali creó un modelo asociativo en el cual cada asociado tendría derecho a un solo voto. Ese modelo le permitió mantener por fuera a tantos personajes de dudosa reputación que se apoderaron de los equipos de fútbol a partir de los años 80.

Gracias a la venta de Carlos Valderrama en 1987 el azucarero pudo adquirir la sede campestre de Pance para que el equipo profesional y la cantera entrenara, se alojara y además ofreciera un espacio recreativo para sus socios, algo único en su momento.

En 1994 comenzó la construcción del estadio en Palmaseca el cual se “terminó” en el 2010. Ese sueño se ha convertido en pesadilla.

Las equivocaciones, especialmente en su mala planeación económica y jurídica, permitieron que se iniciara un proyecto sin tener aún el punto de equilibrio asegurado. Y, para completar, la falta de una infraestructura de vías de acceso y de parqueaderos impiden que la experiencia del hincha sea grata.

El escenario ha absorbido cuantiosos recursos producto de las ventas de jugadores con el triste resultado de haber impedido usarlos en las necesidades deportivas y peor aún, sin solucionar los problemas de infraestructura del estadio.

Además, las cosas han cambiado y el fútbol profesional se ha vuelto más costoso debido a la internacionalización y liberación de las transferencias de los jugadores en un mercado mundial por el talento y también por los hinchas.

Hoy se compite por la atención de los hinchas no solamente con los equipos de Colombia sino también con los internacionales como lo es el caso de las ligas europeas, es común ver camisetas de clubes del viejo continente en las calles de Colombia, mientras se nota la ausencia de sus dueños en las gradas de los coliseos.

De esta manera el Deportivo Cali se ha encontrado con un déficit entre sus ingresos y sus gastos corrientes. Es decir, que lo que recibe el equipo por el aporte de sus asociados, taquillas, derechos de televisión y mercancías es insuficiente para cubrir los gastos del equipo profesional además de todos los gastos administrativos adicionales. Modelo deficitario.

Durante unos años el equipo se encontró con una solución maravillosa y fue la venta al exterior de las jóvenes promesas de la cantera que después de un par de años de debutar, aun sin explotar ni dejar nada al club o incluso sin pisar una cancha en Colombia, dejaban el club por un buen pago en dólares.

Pero esa solución tapó la realidad del desequilibrio financiero del club y convivió con un gran riesgo. Se comprometía el club, al pago de altos salarios para su nómina de jugadores a sabiendas que solamente la venta de canteranos permitiría afrontar esos pagos.

Y las vacas gordas se adelgazaron. La venta de los canteranos ya no cubrió las inversiones, en ocasiones gastos, del resto del plantel.

Ese era el momento de sincerar las cuentas, pero no fue así.

Había que tomar decisiones de fondo acerca de las unidades de negocio, equipo profesional, la sede Alex Gorayeb, la sede Pance, la academia de fútbol y, por supuesto, la cantera y el equipo profesional.

Reducir el costo de la nómina de jugadores y técnico y decidir sobre las unidades de negocio restantes. Todo eso mientras se exploraba una forma sostenible y recurrente de aumentar los ingresos. No sucedió.

Pero, contrario a lo debido y dentro de una decisión que debe calificarse como irresponsable, se endeudó al club otorgando como garantía unos bienes de difícil realización como son los terrenos y edificios, además de pignorar los ingresos corrientes como las taquillas.

Los activos de los cuales se enorgullece el club sirvieron para que sus dirigentes de turno dijeran que teníamos un patrimonio sólido con el cual respaldar las deudas. Eso no es así. Primero que todo las deudas se deben pagar con los resultados positivos de la operación, pero esta sigue siendo deficitaria. Y nuestro gran patrimonio, el estadio, es irrealizable. ¿Quién compra un estadio? ¿Quién vende un palco hoy en día?

Hoy, ya, es el momento de tomar decisiones de fondo, efectivas y reales, si es que aún nos queda tiempo. Es necesario tener un estudio serio por parte de un banco de inversión y un grupo de abogados que nos permita ganar tiempo para afrontar los compromisos de salarios, seguridad social e impuestos atrasados para que los jugadores pueden tener la cabeza en el fútbol y evitar los riesgos asociados al no pago como la perdida de sus derechos deportivos y, con esto, el reconocimiento deportivo. Detrimento patrimonial puro y duro.

Al parecer hay soluciones, muchas de ellas no son viables sin tener en clara una alternativa en la cual se cambie el modelo Deportivo Cali de funcionamiento, mismo que no permite la llegada de nuevos capitales, mismo para para que quien llegue a invertir un dinero tenga un control claro y eficaz del equipo deportivo, razón de ser del club.

En la actualidad ese modelo asociativo se presta para un desgobierno corporativo el cual ha sido parte de los problemas de hoy.

No hay una presidencia fuerte, se debe trabajar en la junta directiva con rivales e incluso enemigos y la falta de tener un doliente que vele por su propio dinero permite tomar decisiones riesgosas con los recursos de todos e incluso no poner más cuidado en el manejo de los negocios del club.

Deportivo Cali tambalea, no ha caído y espero no lo haga, pero el modelo, antes ejemplar, hoy nos tiene atados al pasado sin poder movernos bien en el presente y sin energía para enfrentar el futuro, no por el modelo en sí, sino por quienes lo abusaron.

Mario Ernesto Atehortúa I.

*Foto: Deportivo Cali