Eran las cinco de la tarde del domingo 12 de septiembre. La camiseta, la bandera y las entradas listas, todo, cuadramos la logística para ir al Estadio Deportivo Cali, para ir a la cancha de nuevo, a estar con la familia verdiblanca, esta vez la cita tenía un matiz diferente, estábamos yendo para acompañar al Deportivo Cali Femenino al partido de vuelta por la final de la Liga femenina Betplay y la posibilidad, gran posibilidad, de cantar “Campeón, Cali campeonas”.

Siete de la noche, tras la parada prácticamente obligada en Salerno a comer, llegamos al Monumental. Banderas en la vía, miradas alegres, asumo que sonrisas, pero por los tapabocas no se pueden ver. Muchos niños y niñas, una gran energía, estábamos a 90 minutos de un título, de la gloria.

Al campo salieron corriendo, saltando felices las señoras y señoritas del plantel femenino. La hinchada las recibió con un aplauso, con aliento.

Vestidas de blanco, con toda la energía todas, con la capitán, Carolina Arias a la cabeza y a su lado Sandra Sepúlveda, Jorelyn Carabalí, Kelly Caicedo, Kelly Ibargüen, Paula Medina, Corina Clavijo, Linda Caicedo, Manuela Pavi, Ingrid Guerra, Farlyn Caicedo, Danna Moreno, Verónica Arcila, Laura Orozco, Patricia Riascos, Paula Guzmán, Astrid Miquilena y Darnelly Quintero. Con ellas el DT Jhon Alber Ortiz.

La fiesta había comenzado.

El tiempo pasó, ellas completaron su calentamiento mientras las tribunas se iban llenando con el cupo habilitado por bioseguridad. De acuerdo a un reporte no oficial, en la noche del domingo estábamos en cancha poco menos de 15.000 personas.

Una hora y algunos minutos después el Deportivo Cali estaba en cancha, sonaron los himnos, se tomaron las fotos y se puso el balón, uno rosado y con un rebote irregular, en la mitad del campo. Todo listo para cerrar la llave en la que el equipo local llevaba una ventaja de 4 a 1.

Santa Fe llegó a buscar el arco desde el mismo pitazo inicial. Deportivo Cali, con la confianza del resultado a favor, buscaba manejar los tiempos y el partido.

Apareció Linda Caicedo y tras una personal memorable anotó el primero, un golazo celebrado con alegría en la tribuna. Cali, Cali, Cali con los tres aplausos, Te quiero Cali, te quiero Cali desde el aliento. Una energía maravillosa, contagiosa y esa que uno añora tener en cada partido, en cada encuentro sin importar el momento o la competición. Hombre, así eran los partidos antes, así se sentía ir al estadio. Nostalgia.

Es, como lo puso Sara Otálora en su tuiter: Lo que se está viviendo en este estadio, por favor. Este es el escenario que se merece la gente, esta alegría, esta fiesta, esta gratitud volcada a la cancha en aplausos”.

Recordé la charla con Eldy Vanessa, la directora del proyecto Deportivo Cali Femenino, cuando hablaba justo de eso, de la pasión y entrega de las jugadoras del equipo. Esa dedicación, ese compromiso, ese amor por la camiseta demostrado en el sudor entregado, en los balones peleados hasta el final, el caerse solo para pararse a seguir metiendo y defender al Cali contra todo, contra todos, da solo para eso, para aplaudirles, para acompañarles y para agradecerles. Poco hablaron, pero lo hicieron con goles, con puntos, con una vuelta olímpica invicta. Memorable.

Las comparaciones con el desempeño del plantel masculino no se hicieron esperar, pero ante las dudas y algo de frustración, Linda Caicedo anotaba el segundo gol en su cuenta y el segundo en la noche verdiblanca. Gol, golazo. Liquidando la serie. Celebración azucarera. La noche es suya señoras y señoritas, suya y de nadie más.

Santa Fe no se iba a ir de Palmaseca sin pelear, no en balde es un histórico en el futbol femenino. Logró empatar el partido a dos. La juez de línea de occidental se equivocó un par de veces, la central decidió sacar amarillas a una sola camiseta, pero bueno, eso en nuestra casa es parte de lo habitual.

Hubo, como parte de lo que también es habitual con nuestro Deportivo Cali, que “apretar” y sufrirlo un poco. Ansiedad, emoción y vértigo. Así lo vivimos entre voces, ojalá se vuelva habitual, de solo aliento, solo eso. ¡Vamos Cali!

El tablero electrónico marcaba el 2 a 2. El tiempo corría lentamente, pero con firmeza. 88, 89… 90. La juez pidió la pelota en la esquina de norte con oriental, listo, pueden ustedes, podemos nosotros hacer el coro esperado por meses, por años: “Campeón, Cali Campeón”.

Las jugadoras se abrazaban en la cancha, la alegría las invadió, la sensación de terminar en la cima, el lograr el objetivo, el poner en alto al Cali y sus nombres, toda esa energía, esa gratitud, ese sentido de pertenencia subió por las gradas del estadio y, junto a la pólvora que adornó la noche, estallaron las gargantas y las palmas aplaudiendo a estas guerreras, logré estar ahí, gracias a Dios, en la mejor compañía. 

Ahí estábamos, estuvimos, en esa inolvidable noche, aplaudiendo de pie el trabajo y entrega del Deportivo Cali Femenino Campeón, campeonas. Grandes, qué grandes.

Campeón, Cali campeonas. Invictas, mostrando muy buen juego, sumando a lo colectivo varias individualidades y, desde ese logro, unir a la hinchada en dos partes: la primera, la celebración y la segunda, el “quiubo pues” para los muchachos de la profesional.

Campeón, Cali campeonas. Gracias señoras y señoritas del Deportivo Cali Femenino, gracias por esta alegría, por su entrega y resultados. Muy merecido el título, merecido el acompañamiento de la hinchada y merecido todo lo bueno que les venga en adelante a ustedes, las primeras campeonas verdiblancas.

Nos vemos en el estadio, con todas las medidas de bioseguridad, nos leemos por acá

@germanchos

*Foto: Futbolred.com

**Corrección de estilo: VEO 😉 Gracias.